No será una jornada más. Es un momento determinante para el rumbo institucional, político y económico del país. Por eso, compartimos este mensaje ahora, con un propósito claro: invitar a una participación consciente, informada y responsable; una participación que nace de la reflexión serena y del deseo de aportar al bien común.
1. Un contexto que sugiere que vendrán tiempos difíciles
Colombia atraviesa un escenario complejo. Diversas dimensiones muestran deterioros que solo podremos superar mediante procesos sostenidos, que implican tiempo, esfuerzo y sacrificios compartidos.
En lo económico, enfrentamos un país con niveles muy altos de endeudamiento público, endeudamiento que además es costoso tras la pérdida del grado de inversión; un país con bajo crecimiento de la inversión productiva, nacional y extranjera, lo que limita la creación de nuevas fuentes de riqueza. La informalidad crece y aleja a millones de trabajadores de obtener ingresos dignos y del acceso a una pensión futura. El comercio exterior es deficitario, la inflación persiste y la economía crece poco, impulsada más por el consumo —estimulado por liquidez y gasto público— que por el fortalecimiento de la capacidad productiva.
Quizá lo más preocupante es que, ante el consumo todavía dinámico, muchos ciudadanos no perciben los riesgos que se avecinan. Como advierten los expertos, parece inevitable un revés económico de proporciones importantes que nos afectará a todos si no corregimos, con medidas drásticas, esta tendencia.
En el plano institucional, también vemos severos signos de desgaste: tensiones entre poderes públicos, incumplimiento de órdenes judiciales por parte del ejecutivo, episodios que afectan la separación de funciones del Estado, serios y numerosos casos de corrupción y decisiones adoptadas sin suficiente rigor que alteran gravemente la seguridad jurídica.
El orden público, por su parte, se ha deteriorado. La violencia avanza, los cultivos ilícitos aumentan, la fuerza pública ha perdido capacidad en ciertos territorios y grupos ilegales se fortalecen. Todo ello ocurre en medio de una polarización social creciente, alimentada por narrativas emocionales que fragmentan la conversación pública.
Al margen de quien sea el presidente y de cómo vaya a quedar conformado el Congreso, los tiempos que vienen serán tremendamente exigentes. Requerirán trabajo, lucidez, compromiso y responsabilidad. Construir la sociedad que anhelamos exige elegir con criterio a quienes asumirán roles de liderazgo en un contexto particularmente desafiante.
Por todo eso, estas elecciones importan.
2. La importancia de elegir bien el Congreso
El 8 de marzo elegimos el Congreso de la República. El Senado y la Cámara legislan, ejercen control político, aprueban reformas constitucionales, actúan como contrapeso institucional y representan la pluralidad social y territorial del país. También determinan los impuestos, aprueban el presupuesto nacional y son los únicos llamados a delimitar el ejercicio de los derechos ciudadanos según la Constitución.
El Congreso participa además en la elección del Contralor General—responsable de vigilar el uso de los recursos públicos—, del Procurador General—garante del apego de los funcionarios a la ley—, y en la designación de altas cortes.
Hoy el país necesita congresistas con solvencia ética, competencia técnica, capacidad de diálogo, propuestas viables y visión de largo plazo. Personas capaces de comprender la complejidad del país y de construir con otros.
Por ello, es esencial conocer las trayectorias, ideas, coherencia y propuestas de los candidatos al Senado y a la Cámara. La decisión del voto exige lectura, tiempo y reflexión.
No dejemos esa decisión para el último momento.
3. Consultas presidenciales: decidir con responsabilidad
Ese mismo día se realizarán las consultas presidenciales. Su participación es opcional, pero requiere discernimiento —una actitud muy propia de la espiritualidad ignaciana— para determinar si conviene votar, por cuál consulta y por qué candidato.
No basta con discursos atractivos o narrativas emotivas. El país necesita liderazgos con capacidad real de gestión, visión de largo plazo, comprensión profunda de la complejidad social y económica, y un compromiso firme con la institucionalidad democrática.
Si vamos a participar en las consultas, elijamos a quienes puedan asumir las tareas que el país requiere como un todo.
4. Un reconocimiento especial: nuestros colaboradores jurados y el papel de la Registraduría
Ese día, varios de nuestros colaboradores serán jurados de votación. Su trabajo constituye un aporte fundamental a la democracia. Los jurados son garantes directos de la transparencia y legitimidad del proceso electoral, y su labor fortalece la confianza ciudadana en las instituciones.
A ellos, nuestro reconocimiento y gratitud. Cumplir con esa responsabilidad es un acto concreto de compromiso cívico.
También será crucial rodear a la Registraduría Nacional del Estado Civil, autoridad encargada de velar por unas elecciones libres y transparentes. Las veedurías ciudadanas y los movimientos que promueven la transparencia cumplirán un papel decisivo.
5. Nuestra posición institucional
Como institución, no promovemos partidos ni candidatos. Pero sí promovemos ideas que brotan de nuestro Legado y que orientan nuestra misión de contribuir a superar las causas estructurales de la pobreza para construir una sociedad justa, solidaria, productiva y en paz.
La Fundación Grupo Social nació en la democracia y trabaja por fortalecerla, pues, aunque no es perfecta, promueve valores con los que nos identificamos.
Dignidad humana
Reconocemos y respetamos al ser humano por el solo hecho de existir. Como organización católica, afirmamos el carácter trascendente de la persona humana y su vocación a construir una sociedad acorde con esa dignidad.
Bien común
Es el conjunto de condiciones que permiten el desarrollo pleno de todas las personas; es en virtud del bien común que podemos ejercer plenamente nuestros derechos y cumplir cabalmente nuestros deberes. Manifestaciones de este valor son entre otras la estabilidad económica, un sistema jurídico confiable, la seguridad, una cultura de confianza entre las personas y hacia las instituciones. Del bien común se derivan otros valores como la igualdad de oportunidades, la eficiencia y la competitividad.
Subsidiariedad
Indica que ninguna instancia —Estado, sociedad o institución— debe sustituir la responsabilidad propia de individuos y comunidades, salvo en casos necesarios por imposibilidad de asumirla. De ella surge la libertad que conlleva necesariamente la responsabilidad, también surgen la autonomía y la participación como derecho y deber. La Fundación promueve la autodeterminación, la iniciativa privada y empresarial, y se opone a enfoques asistencialistas que restringen libertades o que sustituyen permanentemente la capacidad de las personas y las comunidades para asumir la gestión de su propio desarrollo. De hecho, es una convicción histórica y profunda de la institución el enfoque promocional de su gestión, tanto en su quehacer empresarial como en su trabajo directo con comunidades en el marco de los Territorios Progreso.
Solidaridad
Reconoce que todos somos corresponsables del bienestar del otro y de la comunidad. De la solidaridad surge también el valor de la fraternidad, que inspira el trabajo comunitario y de la que procede la verdadera paz; aquella que brota del corazón y que vincula a las personas que se consideran libres e iguales y que permite que la persona se integre en su valiosa individualidad al todo social. A partir de la solidaridad y de la fraternidad somos capaces de escuchar, no estigmatizamos, no promovemos discursos que alientan la división o el resentimiento, todo lo contrario, nos convoca la unión y el trabajo mancomunado de todos.
Además de estos valores, hay otros elementos clave del ADN de la Fundación, que le permiten fijar posturas frente a las ideas de organización de la sociedad y de toma de decisiones y del modelo económico y social del país.
La Fundación, dado su carácter esencialmente empresarial, considera fundamental promover la actividad productiva. La actividad financiera dirigida especialmente a los sectores populares hace parte de nuestro origen y propósito. Creemos firmemente en la iniciativa empresarial, en la empresa como motor de impacto social positivo: satisface necesidades reales, genera riqueza, crea comunidades de trabajo y contribuye cualificadamente al diseño de políticas públicas en el marco del bien común.
De igual manera, vinculado al origen de la Fundación en la primera parte del siglo pasado, está la promoción de la que se denominaba entonces “la unión cristiana de las clases sociales”. La institución alienta el trabajo comunitario que convoca y une a todos los integrantes de la sociedad, muy lejos de la promoción de la lucha de clases, que fragmenta y polariza sin permitir avanzar a la sociedad en la búsqueda de un propósito compartido.
Así mismo, la Fundación tiene una opción preferencial por los más vulnerables, de allí que propenda por opciones que estructuralmente, y no solo como declaración o discurso ni como medidas paliativas, contribuyan a la verdadera inclusión y a la generación de condiciones que permitan a quienes han estado privados del bienestar y el desarrollo participar de ellos.
6. Participar es un deber y una oportunidad
La Doctrina Social de la Iglesia enseña que la participación en la vida pública es un derecho y un deber moral. La democracia necesita ciudadanos responsables.
Participar no es reaccionar: es construir.
Este proceso electoral es una pieza fundamental (de muchas más) para avanzar hacia un país más justo, más productivo, más solidario y en paz.
7. Esperanza activa en tiempos exigentes
Aunque el contexto sea desafiante, no debemos perder la esperanza. Recordemos que el Señor es el dueño de la historia y que escribe derecho en renglones torcidos. Esta certeza no invita a la pasividad, sino al trabajo vigoroso de cada día.
Como enseñaba el padre Campoamor, el trabajo honrado nos convierte en cocreadores del mundo, nos da la posibilidad de transformarlo para hacer de él un lugar digno para todos.
Permanezcamos alegres y esperanzados.
Participemos con conciencia.
Votemos con responsabilidad.
Sirvamos con integridad.
El 8 de marzo, y las fechas electorales que le seguirán, no son un trámite más. Son oportunidades para fortalecer la democracia y renovar nuestro compromiso con el país. Allí comienza el trabajo arduo que debemos emprender juntos para construir la sociedad que queremos.