Ganadores del Premio Emprender Paz edición número 18 (1º Puesto: Comproacar, 2º Puesto: Smurfit Westrock, 3º Puesto: Abrego Foods, 4º puesto: Empacor).
Compartimos las palabras de Juan Carlos Gómez en la ceremonia de la edición número 18 del premio de Fundación Grupo Social
“Qué alegría estar reunidos para homenajear experiencias tan inspiradoras como representativas del poder transformador que tiene la iniciativa productiva privada en Colombia. Ver este auditorio lleno es, en sí mismo, una señal de esperanza, porque donde hay empresas con propósito trascendente, se está construyendo el país que soñamos.
Gracias a todas las empresas que se postularon, grandes y pequeñas, de todas las regiones del país, de muy diversos sectores; gracias a todos los finalistas que nos acompañan esta noche pues ya son ganadores; gracias a nuestros aliados incondicionales —la Embajada de Suecia, la Fundación Konrad Adenauer y la Fundación Ayuda en Acción—, al equipo de trabajo de la Corporación Emprender Paz, a Liliana, su gerente, a Pedro y Ana Victoria, que hacen posible este encuentro anual, a todos quienes nos honran con su presencia aquí en este lugar y a quienes nos acompañan virtualmente.
La Fundación Grupo Social desde que nació, hace 114 años, cree firmemente que uno de los instrumentos más potentes con los que cuenta una sociedad para lograr su desarrollo integral y el de cada uno de sus miembros, son sus empresas, y no por lo que hacen de manera adicional o en paralelo a su gestión central. No. Sino justamente por lo que hacen todos los días. Las empresas no solo son la base del crecimiento del Producto Interno Bruto del país por cuenta de su rol de generación de valor económico, lo cual es muy relevante, sino que son potentes escenarios dinamizadores de los valores, la cultura y las ideas latentes que nos describen y que queremos que nos describan como nación.
Hemos tenido la oportunidad de conocer las historias de estos finalistas, sus orígenes muy diversos, que han superado adversidades, que han sido valientes innovadores en contextos muy complejos, que han sabido reconciliarse, que lo han arriesgado todo para perseguir sus sueños. Se equivocan quienes señalan que las empresas son creaciones inertes desconectadas de las vidas de las personas. Detrás de cada una de estas empresas finalistas y de los miles que hoy ellas representan, hay increíbles historias de vida. El origen y el desarrollo de cada una de ellas son dignos de admiración y referentes de actuación.
El Premio Emprender Paz, resignifica y visibiliza estas empresas, su rol fundamental en la sociedad, los valores que en torno a ellas se van hilvanando. La idea de empresa emula y representa conceptos como esfuerzo, dignidad, confianza, trabajo en equipo, unidad de propósito, orden, solidaridad, responsabilidad, autonomía, participación, eficiencia y productividad. Valores que quisiéramos fueran los que nos identifiquen como nación. Muy diferentes a aquellos que encontramos, y que muy a nuestro pesar, se han venido abriendo paso en nuestra sociedad.
Los buenos empresarios, como todos ustedes finalistas, asumen riesgos, convierten la escasez en abundancia, hacen de las barreras oportunidades, transforman las heridas del territorio en semillas de progreso, le apuestan a la dignidad antes que a la incapacidad, privilegian el bien común sobre el interés particular, buscan servir y no reclamar ser servidos. Por eso lo social no puede ser un simple apéndice de lo empresarial, le es connatural, es parte de su esencia.
Las empresas son expresión de la capacidad de autodeterminación que tenemos las personas, son consecuencia y causa eficiente de libertad. Libertad entendida como la capacidad que tiene cada persona de obrar según su conciencia, en el horizonte del bien común, asumiendo la responsabilidad de sus actos. La libertad resulta ser el terreno fértil para la empresa y la empresa uno de aquellos ingredientes fundamentales que la propicia. La libertad de la que somos fruto es un valor esencial que como sociedad debemos cuidar y cultivar.
La Fundación Grupo Social considera que el impacto que las empresas tienen en la sociedad es serio, muy serio. Desde la perspectiva de la Fundación las empresas están llamadas todas a desempeñar cuatro funciones sociales fundamentales: 1. Satisfacer, con los bienes y servicios que ofrecen, verdaderas necesidades, sin crearlas artificialmente y conectándolas con la dignidad de los clientes; 2. generar la máxima riqueza posible para la sociedad en su conjunto y distribuirla con criterios de justicia aun con respecto al dueño. La producción de riqueza no es un pecado, todo lo contrario, es una virtud, es una obligación moral; 3. generar microsociedades en las que los trabajadores vivan los valores que se espera encontrar en la sociedad y donde ellos puedan desplegar su talento y trascender: y 4. actuar como sujeto activo y cualificado en el diseño de las políticas públicas del país en el marco del bien común.
En tiempos en que la división, la inequidad y la desconfianza parecen imponerse, ustedes —a quienes exaltamos hoy— son un ejemplo que nos inspira a todos. Porque la Colombia que soñamos —justa, solidaria, productiva y en paz— no se construye con palabras, sino con acciones; ustedes son testimonio vivo de una forma de actuación empresarial que genera oportunidades, que abre puertas.
Quiero finalizar con una reflexión que actualmente ocupa espacios relevantes en nuestra Organización. Vivimos una era de exceso de información y emociones exacerbadas por las redes sociales, que deteriora nuestra capacidad individual y colectiva de discernimiento. Al mismo tiempo, los retrocesos en indicadores económicos, sociales e incluso de seguridad minan la esperanza. Sin esperanza, los motores vitales se detienen. Para las personas, la esperanza es la llama que impulsa el esfuerzo y la superación de la adversidad.
Por eso, a partir de una mirada serena del contexto, inspirados en estas empresas que hoy nos acompañan y en sus testimonios, que nos permiten decir “sí se puede”, los invito a cultivar una esperanza activa y trascendente, confiando en que incluso en tiempos difíciles es posible reconstruir y avanzar como nación.
Tal y como lo expresamos todos los años en este lindo escenario, recordemos que la paz no se decreta, se teje: se teje en la confianza entre las personas, en el respeto, en el empleo digno y en el compromiso no solo conmigo, sino con los demás, generando puentes hacia la formalidad. Y, se teje desde los corazones, hasta convertirse en ese terreno fértil donde el desarrollo es posible para todos.
Si hoy me preguntaran a qué sabe la paz tendría que decir que sabe a cacao, mora, cúrcuma, chontaduro, que sabe a aceite de palma, a reciclaje a innovación financiera, que sabe a fibras de papel.”
Muchas gracias.